Seis meses después,
volvió a caminar
Las rodillas hidráulicas
fueron más que simples aparatos protésicos:
para Miguel Cano terminaron siendo una parte de su cuerpo.
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Por José Luis Becerra
El
12 de agosto de 2003, Miguel Cano Rodríguez sufrió
un accidente automovilístico con traumatismo
por machacamiento en ambas piernas. Pese a la gravedad
del percance, había logrado salvar la vida, pero
la secuela en ambas extremidades inferiores le ocasionó
un diagnóstico adverso: amputación bilateral
traumática.
Después de darse de alta en el hospital, Miguel
-de 31 años y originario de La Habana, Cuba-
comenzaba una nueva etapa de su vida. Su fuerza anímica
y física estaban minadas, era algo lógico;
sin embargo, en el fondo de su corazón conservaba
la certidumbre de que algún día volvería
a caminar por sí mismo y ser independiente. Mientras
se recuperaba de otras contusiones en el cuerpo y resolvía
los trámites médicos y hospitalarios,
Miguel inició la búsqueda de respuestas.
Su dolor le impedía ver más allá
de su postración en una cama o una silla de ruedas.
Fue una etapa de aislamiento y confusión. Después
vino el tiempo de la reflexión, de aceptar su
condición actual y de búsqueda de ayuda
externa. "Con la ayuda del Dr. Roberto Balmaceda
Manent, así como del equipo de trabajo del área
de rehabilitación del Hospital CIMEQ (en La Habana)
me hicieron las primeras prótesis. Realicé
mis primeros pasos, los cuales fueron muy alentadores
ya que pensé que pasaría el resto de mi
vida sentado en una silla de ruedas", recuerda
Miguel.
Ayuda desde dentro
El gobierno cubano le brindó facilidades diplomáticas
y económicas para buscar en el extranjero un
especialista en prótesis. "No sé
si ustedes conocen que en Cuba tenemos una gran desarrollo
en el tema de la salud, pero como estamos bloqueados
por los Estados Unidos, se nos hace difícil adquirir
tecnologías, materia prima y conocimiento que
tanto abunda en otras partes del planeta". De esta
manera, el propio Dr. Balmaseda se encargó de
realizar la búsqueda.
Así, por instancias de la Embajada de Cuba en
México, Miguel Cano visitó el Laboratorio
Ortoprotésico Márquez. En la valoración
realizada por su fundador, el O.P. Manuel Márquez,
se estimó la categoría y nivel de amputación
que presentaba, así como el estado físico
y emocional del paciente.
El especialista se encontró en presencia de un
amputado por encima de las rodillas y procedió
a realizar las prótesis.
"Lo que me asombró mucho fue la fabricación
del socket que él mismo realizaba a mano, es
decir, que no utilizaba ningún otro molde que
el de mis muñones, ajustando estos a mi cuerpo
para que me sintiera lo mas cómodo posible, tuviera
deseos ponerme mis prótesis y llegara a sentir
en algún momento que tenia mis pies nuevamente".
El tratamiento consistió en fortalecer las extremidades
del cuerpo que utilizaría a la hora de realizar
la marcha y de esta forma poder obtener un mejor resultado.
Después, en la fase de práctica del conocimiento
clínico, el especialista presentó a Miguel
un plan de acción y le estipuló el tipo
de prótesis más acorde con sus necesidades.
Se analizaron diferentes sistemas de rodilla controlada
por computadora C-Leg de Otto Bock y al final se optó
por el modelo 3R92 por sus características y
bondades de uso: trabajo rudo, ahorro de energía
y mayor velocidad sin tanto esfuerzo. Se trataba de
un sistema de articulación de rodilla hidráulico,
en el cual se controla la fase de apoyo y la fase de
impulsión completamente por medio de un microprocesador.
Asimismo, se estableció la adición de
un pie Luxor Springlite.
Un plan a la medida
Además de la supervisión de un médico,
un terapista físico y un psicólogo completaban
el equipo que debían trabajar con Miguel para
sostenerle y darle confianza. Las visitas al ortesista
protesista fueron más frecuentes. "Pasé
seis meses asistiendo a la rehabilitación todos
los días de la semana", señala. Y
poco a poco, con la fuerza de voluntad que siempre le
caracterizó, abandonó las muletas para
conservar el equilibrio.
La idea era otorgar un sistema cuyo costo-beneficio
contemplara reducir al mínimo el riesgo de caídas
y con ello una nueva lesión. El paciente tenía
planeado regresar a Cuba, por lo que era necesario establecer
un programa de asesoría técnica a mediano
y largo plazo, así como efectuar una valoración
del fortalecimiento de masa muscular a través
de un programa de marcha (caminadora), mecanoterapia
y aprendizaje (vendarse por sí mismo).
El cambio de sockets definitivos en ambos muñones
comenzó el 3 de junio pasado. Ese día,
Miguel lo recordará siempre. Las rodillas hidráulicas
fueron más que simples aparatos protésicos:
terminaron siendo una parte de su cuerpo.
"Desde que me puse las prótesis por primera
vez tuve la seguridad y confianza de que conmigo se
estaba haciendo lo correcto. La primera satisfacción
que tuve cuando un día después de terminar
de hacer ejercicios en la escaladora, me bajé
de dicho equipo y lo hice sin aguantarme, es decir,
como si fuera una persona que no tenía ninguna
discapacidad. Esta situación me dio mucha alegría
y la suficiente confianza en (Manuel) Márquez.
Al cabo de seis semanas de acondicionamiento y rehabilitación,
el 29 de julio de 2004, Miguel Cano volvió a
caminar. Su estatura correspondía nuevamente
al tamaño de sus aspiraciones.
Actualmente se desempeña como comercial en una
empresa en su país natal. "Esta labor la
realizo con mucha satisfacción con ayuda de todos
mis compañeros de trabajo. Pienso que siempre
voy a seguir siendo una persona trabajadora para de
esta forma sentirme útil y no defraudar a todas
aquellas personas que han puesto lo mejor de sí".
Lo único que lamenta Miguel Cano es que los conocimientos
alcanzados por los profesionales de esta especialidad
no sean difundidos en Cuba. Por tanto, pide a los especialistas
mexicanos que intercambien ideas con sus colegas caribeños,
visiten su país y atiendan a otros pacientes
que, cómo él, esperan una oportunidad
para ponerse nuevamente en pie.
Miguel cano durante su rehabilitación