"En las manos puse
mi dolor... y mi esperanza por vivir"
Durante su proceso de rehabilitación,
Marina Pombar ha encontrado una nueva forma de expresarse:
se convirtió en escultora de sí misma.
Por Por Marina Pombar y José
Luis Becerra
Cuando
en 1999 le diagnosticaron que tenía cáncer
de seno, Marina Pombar, entonces entrenadora de fisicoculturismo,
se sintió turbada por lo que ella llamó
"el intruso" y empezó a cultivar una
afición que le ha permitido encauzar sus sentimientos
en forma creativa.
"A través de mis esculturas he aprendido
a darle espacio y refugio a la tristeza que había
llenado mi vida lo que me permitiría seguir adelante.
A través de mis manos, he encontrado la forma
de comunicarme haciendo más fácil expresar
mis sentimientos. Las lágrimas no me interrumpen,
las palabras no se cortan y poco a poco voy dando forma
a mis pensamientos", declara.
Originaria de Estados Unidos, donde había sido
electa Miss Minnesota, y radicada en nuestro país
desde hace años, Marina había criado dos
hijos que habían emigrado a San Diego, California.
Al recibir la noticia del oncólogo, su primer
impulso fue combatirlo sola y no buscar ayuda. Cayó
en una depresión durante casi un año que
le ocasionó la pérdida de su negocio,
un gimnasio de pesas, y le encerró en un hermetismo
de negación dentro de su departamento. Entonces
decidió moldear en esculturas sus estados de
ánimo y, sin saberlo, comenzó un proceso
de rehabilitación.
En esa soledad, acepta la oportunidad de dar clases
de inglés a una de sus ex alumnas. "De regreso
a casa, me acostaba. Era como un bulto. Esa actitud
fue la misma día tras día. Mis hijos me
hablaban y yo cambiaba la voz para que ellos no dieran
cuenta de mi dolor".
Cada etapa de este proceso lo plasma en sus bronces
cargados de emotividad, fuerza, catarsis. Después
de extirparle uno de los senos, crea "Temple",
obra plástica con la que inicia una serie de
esculturas autobiográficas. El sentido de la
vida lo recobra por medio del arte y comienza a promover
su obra en el extranjero. "Algunos me siguen diciendo
que mi obra no es comercial, pero eso a mí no
me importa, mientras comunique algo que identifique
a otras personas". En uno de sus viajes, de manera
fortuita, se entera que existen prótesis de mama
y adquiere algunas en Estados Unidos para regalar en
México a mujeres que empleaban calcetines con
arroz. Ahora es usuaria de los modelos creados por la
empresa Otto Bock, e imparte pláticas para la
división de oncología de Elly Lilly México.
A raíz del emplear prótesis de mama su
autoestima se reactiva. Vuelve a sentir amor por sí
misma y por los demás. Emprende entonces su oficio
de escultora dentro de su propio departamento, hoy convertido
en taller y en galería. "La elección
que hacemos en la vida se torna en actitud", señala
en entrevista y pone en nuestras manos un escrito con
la descripción de cada una de sus obras y las
leyendas que las acompañan. Son palabras selectas,
íntimas, que nos acercan a los sentimientos de
cualquier persona que ha recibido alguna vez un diagnóstico
adverso, o ha sufrido recaídas, pero son también
un aliento de esperanza para quienes viven un proceso
de rehabilitación. En aprecio a su confianza
y por solicitud expresa de su autora, reproducimos fragmentos
de este escrito (N. del E.).
Galería personal
Nombre de la obra: Temple
Leyenda:
"El deseo crece cuando la realidad no lo alimenta".
La escultura se compone de tres
rostros.
Primera cara: Aún se repiten en mi mente
las imágenes de ese momento. El médico
se paró esquivando mi vista mientras me daba
la noticia. Un amigo que me había acompañado,
volteó su cabeza para ver mi expresión.
En ese momento sentí que me salía de mi
cuerpo, podía ver toda la escena desde arriba.
Podía verme en estado de shock. Había
estado esperando 15 días para recibir esa noticia.
Segunda cara: Sabía que tenía que acercarme
a esa pobre Marina, tenía que dejar de juzgarla
tan duramente. Tenía que hablar con ella, tenía
que convertirme en su mejor amiga. Después del
golpe de la noticia, ese mes traté de perdonarla
y entenderla.
Tercera cara: Fue el momento triunfal, finalmente lo
había aceptado."
Clemencia
"Observo hacia atrás y con un poco de suerte
encontraré sentido a la persona que soy".
No me había dado cuenta de que lo peor estaba
por venir. Tenía que contárselo a mis
hijos, pero siempre había sido yo tan fuerte...
Tenía que mostrarme. En "Clemencia"
me quito la piel de tal manera que hasta el aire provoca
dolor. No debía implorar, debía ser fuerte
para ellos. Tapo mi boca para que sólo emita
sonidos. Y si se asoman por detrás podrán
ver cómo mi interior se va derritiendo.
Sueños
"Conversando con mis pensamientos".
Había hecho tantos planes para mi futuro. Sentía
que me encontraba en un barco, como en esas películas
donde se ven a los marineros aventar el ancla al océano
sin importar donde cae. Así eran mis planes,
pero ahora tenía que dejar caer el ancla cuidadosamente
a un costado del barco y traer todo ese futuro hasta
mi presente y vivir un día cada vez.
Renacimiento
"Mi fuga del mundo físico".
Me sentía tan mutilada... Parte de mí
feminidad había sido despojada drásticamente.
Recordé mi adolescencia, cuando veía mis
senos crecer.
Cuando te escondes en el colegio, de las miradas fijas
de los muchachos, te has convertido en mujer. ¡Ese
momento místico del que tanto has escuchado!
Luego pensé en ese momento cuando se llenaron
de leche y permitieron alimentar y darle vida a mis
hijos.
Pensé en los momentos en que podía excitar
a mi compañero con mi sensualidad y en ese intercambio
sentir el placer de sus caricias mientras crecían
mis pezones y respondían con rigidez, como en
la erección del pene. Y ahora había perdido
todo eso.
Elijo
"Vivir el instante presente, tuyo, conmigo, como
único tiempo".
La
gente a mi alrededor me decía: "¡Marina,
échale ganas!". Yo no entendía que
podía hacer con esas palabras, incluso llegué
a odiarlas. Me encontraba mirando fijo al techo buscando
en el desván de mis recuerdos y pensamientos.
Fue cuando acordé que tenía un libro del
Dr. Víktor E. Frankl, "En busca del camino
del sentido de la vida" (Editorial Herder), que
mantuve siempre a mi lado. Aprendí a ver el lado
positivo del recorrido. En "Elijo" me siento
subiendo una montaña contra el fuerte viento.
Tomo un momento de descanso antes de continuar la travesía
hasta la cima de la colina de mi vida.
Inerte
"Hoy tengo miedo de mis miedos".
Parece que no puedo sacarme de encima este miedo. Como
alguien dijo: "El intruso no sólo se llevó
un seno, sino también mi tranquilidad de vivir",
pero encontré en mí una gran tenacidad,
la que ha sido mi salvación.
Mi matador
"No gastaba más tiempo que el preciso en
el amor. No derrochaba nunca".
Parece que caigo otra vez con este enemigo: la depresión.
Los escalofríos, junto a las cefaleas han regresado,
soy un bulto otra vez. Negando que algo pasaba, y no
queriendo arriesgarme a que otros lo supieran. Tengo
cuidado con mi voz que no se enronquezca y que no se
apague por el teléfono.
Había visto a un bailarín de flamenco,
ágil y fuerte como un torero en la faena de su
vida. Sin su capa, no le es posible lograr esa fiesta,
en mi matador, su capa ha caído y está
rasgada. Esa capa soy yo.
Después
de ti
"Con cautela inicio nuevos pasos hacia el futuro".
Mi amigo se ha ido. Incluso algunas de mis amigas más
cercanas. Después, con el tiempo, me dijeron
que no sabían qué decirme ni cómo
comportarse en mi presencia. Fue más fácil
para ellas apartarse por un tiempo.
Reencuentro
"Un rostro que no duerme, sale en la noche y se
encuentra con el día".
Para mí, la danza es libertad, libertad de acción
y respuesta. Me encuentro observando una nueva cara
que brilla. Encuentro mi nuevo "yo".
Explosión
"Con ternura y entrega, pasa a través de
mí como un huracán".
Entra un nuevo hombre en mi vida, aunque sólo
por un instante. Me enseña que puedo crear en
él el milagro de la erección. Como una
amiga escribió: "Cuando tu semen me inyecta
parte de tu vida, agradezco el intercambio de energías
y el abrazo de dos almas en su espíritu divino".
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* Para mayor
información sobre la obra de la Maestra Pombar
visitar la página www.marinapombar.com.mx